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EN BÉRRIZ (MEDITACIÓN EN SOLEDAD)


Aventurarse a vivir des-provisto de blindajes. Tenderse, ahora, en invierno, bajo un árbol desabrigado de hojas, a la sombra del follaje de su desnudez, hallando en ella el cobijo del plomizo cielo… Todo eso es para mí un abrirse a la escucha del silencio de fondo de todos los días, de todos los meses, de todas las estaciones, de todas las tempestades y vientos….

Callarse -sin dejarse acallar, porque hasta las piedras braman vida- ante la oración que, hecha silbo en la frontera de los vientos, clama frente al solemne roquedal del monte Amboto. Aventurarse a des-cubrir la vida que pulula en cada piedra, la certeza que anida en toda duda, la potencia que oculta el vulnerable, la arrolladora fuerza que la fragilidad oculta.

La ola es el océano; una fugacidad que en lo eterno es contenida y en lo eterno es cobijada. Brocal de plenitud su aparente soledad.

Un abrirse al Todo se hace posible cuando cada mujer se vive como todas las mujeres, y cada hombre  como todos los hombres cada hombre.

Todo eso me fue dado ver, y no sin zozobra, en mi soledad bajo el desarbolado árbol de Bérriz, un árbol que él solo era ya un bosque; un árbol qué me mostró que un ser humano, cuando se ahueca y se hace Nadie, puede él  mismo ser toda la humanidad.

 

Nadie es respirar todos los vientos,

todas las tempestades;

ser Nadie, es sentir por todos los sentidos;

ser Nadie es vivir la libertad,

que me abre al mundo en esta aurora

al arte de vivir serenamente a la intemperie,

siendo intemperie.

Aceptando el fulgor y la tiniebla que acompañan mi andadura.

Ser Nadie es vibrar con todas las posibles oraciones

que des-cubren el sentido de todas las posibles religiones,

siendo persona con todas la personas.

Y amarte a ti en mí,

como te estoy amando ahora

sintiendo el gran latido de tu abrazo

en este aquí, en este ahora…

Ser Nada Nadie…

¿Por qué hago inalcanzable

lo que sencillamente soy?

 

RAFAEL REDONDO

Sesshin para la práctica de la meditación ZEN guiado por Pedro Vidal

Meditar ya es volver a casa, es volver a nuestro mejor estado

La esencia de la meditación y espiritualidad, no es recibir demasiadas teorías, sino práctica, pero una práctica todo el día en la vida cotidiana.

Al observar la meditación Zen y los diferentes caminos espirituales, tanto de Oriente como de Occidente, podemos ver que hay dos etapas que nos pueden servir a todas las personas, esto es fabuloso, es algo muy concreto.

Para ello necesitamos practicar la meditación en movimiento, la meditación sentada, la respiración y la atención.

1ª etapa: Poner la Atención y la consciencia en la parte más baja del cuerpo, en el fondo de mí mismo/misma.

Cuando tenemos la consciencia en nuestro fondo, podemos experimentar una gran paz; paz necesaria para que el Maestro Interior (Aliento de Vida, la Vida, el Espíritu Santo, el Camino, la Verdad, Dios) haga su Escuela allí y en esa paz interior nos enseñe.

El trabajo fundamental es encontrar al Maestro Interior para que nos enseñe y con su fuerza nos lleve a la segunda etapa.

2ª etapa: Romper fondo de uno mismo / una misma.

Aquí se nos invita a pasar de lo limitado a lo ilimitado.

En la medida que vamos profundizando, van a ir saliendo las tentaciones para no seguir adelante, a estos engaños en el Zen se les llama Makyô.

Por lo tanto la peor tentación es querer no tener tentaciones. Si tenemos tentaciones es señal segura de que caminamos bien.

En esta etapa vamos adquiriendo discernimiento para conocernos y conocer al Verdadero Camino, conocer al Maestro Interior.

Es el Maestro Interior es el que nos va a transformar sin que casi nos demos cuenta de ello.

Perseveremos aunque pensemos que no adelantamos, sigamos más, sigamos, estamos siendo guiados de la mano del Maestro Interior.

Es necesario meditar con todo el cuerpo y la mente, en cada momento del día, las veinticuatro horas del día (sentados, de pie, andando y acostados).

Pedro Vidal

Fechas y horarios

26, 27 y 28 de febrero 2016

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Sesshin: retiro de invierno con Pedro Vidal y Rafael Redondo

Del prólogo de Willigis Jáger para el libro “El esplendor de la Nada”, de Rafael Redondo:

Hasta hace bien poco, el Zen era para occidente como una semilla extraña, como una especie de planta exótica que a lo largo de los últimos decenios enraizaba en nuestro suelo hallando  en él un espacio reconocido y respetado por las restantes clases de plantas.

En este cambio de escenario, es inevitable que el Zen se vaya adaptando y ampliando a nuestras formas occidentales. El hecho es que el Zen ha marcado su impronta en occidente, pero también el occidente en el Zen. Se trata de una interrelación recíproca, aunque todavía en marcha, en movimiento. Sin embargo, lo esencial del Zen – el despertar de la estrechez de los límites de la personalidad – permanece inalterado, aunque hoy ya se halla en condiciones de abandonar sus ropajes asiáticos para acercarse a nuestro modo de pensar.

El Zen, es un camino apto para las gentes de todas las clases y culturas. Es cierto que nos ha llegado desde un entorno budista oriental, pero ya se está revelando a occidente. Y aquí, no tendrá más remedio que desprenderse de sus iniciales épocas monacales, para adaptarse mejor tanto a la  antropología  como a los nuevos paradigmas de nuestro siglo XXI. El hecho es que los occidentales que transitan en el camino del Zen ya  no viven bajo la protección de un monasterio, sino insertos en su muy concreta vida cotidiana con su familia, con sus hijos, con sus problemas laborales, de pareja y financieros. Problemas de los cuales los monjes siempre estuvieron exentos bajo la protección de sus monasterios.

El camino del Zen,  ha estado siempre – y seguirá estando- condicionado por las influencias culturales de cada época, por tanto, su desplazamiento hacia nuestra cultura moderna le habrá de exigir los importantes cambios provenientes desde la nueva psicología y la nueva psiquiatría como desde los actuales hallazgos de la  neurología.

La transformación del mundo comienza en la transformación de cada individuo, y el Zen nos ayudará a dejar atrás lo que ya no nos va y nos molesta como una vieja prenda que se nos ha quedado demasiado estrecha. Pero de lo que aquí  se trata no es tanto de una simple reforma en nuestra manera de ver la vida y el mundo, sino  de una real transformación, si es que de verdad  queremos dar nueva forma a la nueva realidad. Es nuestro deber entrar en otras dimensiones de la experiencia  que nos permitan conocernos mejor.

Entrevista de Pedro Vidal con el Maestro Koyama  en Dôkusan, año 1991:

En la habitación del Dôkusan, allí estaba sentado el maestro Koyama, sentí que la habitación estaba muy viva, entré respetuosamente, como se hace en el Zazen, me senté en el Zafu, me incliné, después puse las manos en mi Tanden, me di cuenta que fijó su mirada en mí, no me miraba con los ojos de la cara, me miró con su corazón, me miró con la mirada de las montañas lejanas, entonces sentí que tanto mi ego como mi cuerpo se detuvieron en ese momento, quizás para que desde allí principalmente poder escuchar, mirar y casi no hablar, me quedé sordo, ciego y mudo, después de unos segundos que me trasladaron al infinito sin tiempo ni espacio, sin cuerpo ni mente, me dijo:

¿Qué siente?

Yo le dije: ¿Para qué me siento si casi no siento nada?

20, 21 y 22 de Febrero

Acogida el viernes 20, de 18:00 h a 19:00 h; a las 19:00 h, comienza el retiro.

Salida el domingo 22, a las 15:00, después de comer.

Lugar

BARNEZABAL Alkargunea-Casa de espiritualidad
C/ Sallobente, 20, 48249 Berriz, Bizkaia
Cómo llegar

Aportación económica

130 €, alojamiento en pensión completa.

Inscripción

Para acudir, es muy importante haber practicado meditación previamente, y en todo caso, ser una persona a la que Rafael y/o Pedro conocen.

Las plazas son limitadas, y sólo se permite la asistencia completa al retiro: los tres días.

Para inscribirte, envíanos un Seguir leyendo Sesshin: retiro de invierno con Pedro Vidal y Rafael Redondo