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…hay un hilo que nos teje…

Hilos de oro se deshacen al amanecer
nos cubren con su manto dorado
se estrechan hasta el infinito durante el día
para juntarse en el atardecer.

Cada uno de los hilos nos une
a quienes nos sentamos
unidxs por la experiencia del silencio.

y hay un hilo que nos teje
es un hilo invisible
imperecedero
que siempre ha estado ahí
cubierto de musgo
y que de vez en cuando se puede ver
a veces bajo la luna
a veces en la oscuridad de las noches más frías
otras en el reflejo del sol en el mar
y siempre en el vacío

GRACIAS a todas las personas que forman parte de Ipar Haizea.

Ane Fernández

 

 

Zazenkai con Rafael Redondo

Nos haremos presentes en el próximo Zazenkai de Ipar Haizea en Rekalde. Estar en la vida como el vacío está en el cuenco: estando sin estar. Inauguremos por tanto el verbo dis-estar. Desprenderse del tiempo presente para ser Presencia. La fórmula para estar en el presente es no estar, perderse, ser presente.

Conozco una suerte de atajo para subir hasta el abismo: alcanzar la cumbre no consiste en encumbrarse, como ser hijo de Dios no es endiosarse. La cumbre no está en la cumbre. Y allá, en ese lugar sin lugar, puede olerse lo que jamás tuvo existencia: el esplendor de la Nada. Nada hay que hacer que no sea el acopio de lo que no hay. Hacerse rico en Seguir leyendo Zazenkai con Rafael Redondo

Vaciarse de “Zen”

Un monje, y próximo sucesor de su maestro, preguntó a éste en el lecho de muerte:

-”Maestro, existe alguna enseñanza más que yo deba aprender de ti?”

-“No, respondió el maestro- me hallo plenamente satisfecho; sin embargo hay algo en ti que me preocupa bastante”.

-“¿A qué te refieres, Maestro? Dímelo por favor, para que de ese modo pueda yo corregirme”.

-“¿Sabes qué es lo que me preocupa de ti? –dijo el maestro-: me preocupa que sigas apestando a Zen-“

Ensō

La esencia del Zen -seré reiterativo- no tiene nombre, sobrepasa el mismo Zen, incluido su nombre. Cuando uno ha experimentado lo innombrable no puede adherirse a nada ni a nadie, porque nada y nadie -ni siquiera el desprenderse total, o el Vacío- pueden dar cuenta de ESO. Adherirse a las creencias y adherirse al Vacío, en tanto que adherencia, supone el mismo mal. La misma Nada, en su plenitud, rehúsa a ser venerada como objeto de adhesión. Y no hay palabras para poder explicar lo inexplicable. Será preciso, incluso renunciar al propio Zen. El desapego, cuando lo es, es total, incluido el deseo de perfección, que se queda vacío, y suprimidos tanto el individuo como su situación. Una experiencia de absoluta negación, donde sujeto y objeto se dejan diluir en la nada; tal es la más genuina expresión del Zen, que incluye su propia negación. La negación como un Seguir leyendo Vaciarse de “Zen”