Rafael Redondo Barba

Nota biográfica

Estudia en las universidades de Deusto y Salamanca, donde se licencia en Filosofía y Ciencias de la Educación (rama de Psicología Clínica) y se doctora en Ciencias Políticas y Sociología (rama de Psicología Social). En 1966, a los veinticinco años, es contratado como profesor en las facultades de Sociología y Psicología de la Universidad de Deusto, y allí permanece hasta 1983, año en que ingresa como Profesor.

Titular en la Universidad del País Vasco, en cuyo Departamento de Psicología Social ha ejercido la docencia hasta septiembre de 2006, fecha en la que abandona voluntariamente la Universidad para, según la orientación de Willigis Jäger, dedicarse a introducir a otras personas al Zen y acompañarlas en su camino.

Fue Jefe de Formación en el BBVA, técnico en varias consultorías y Director de Formación en el Hospital Psiquiátrico «ARGIA», de Algorta (Bizkaia). Imparte numerosas conferencias y es articulista y columnista en diversos periódicos, siendo autor de doce libros y de treinta y seis artículos científicos relacionados con la Psicología Social, la Psicología Transpersonal, y el Psicodiagnóstico de Rorschach, sobre el que ha escrito numerosos trabajos.

En 1996 se asomó al mundo de la poesía, donde obtuvo el segundo premio del Certamen Nacional de Poesía «IMAGÍNATE EUSKADI», con su trabajo «Margen Marginada», referido al desmantelamiento industrial de la Margen Izquierda del Nervión.

También es autor del poemario «El sonido del Silencio», siendo pionero en implantar la meditación Zen dentro de un programa de Terapias Alternativas (Terapia Zen), dependiente de la Universidad de Deusto y el Servicio de Psiquiatría del Hospital Civil de Bilbao, siendo esta  la única actividad académica que actualmente realiza.

Mi trayectoria como guía en el camino del Zen se inicia como Maestro Zen Asistente en el año 2004, en la escuela japonesa Sanbo Kyodan sector de Alemania, y luego en el año 2012, como Acharya y Maestro Zen (sic) en la Escuela Tierra Pura, sector de Europa, nombrado por Willigis Jäger.

Posteriormente, y ya desvinculado voluntariamente de la línea de Willigis Jäger, fue reconocido Maestro en el Dharma por el Maestro Zen de la línea de la Tierra Pura, David Brazier.

Sin embargo, como bien conocen mis compañeras y compañeros de Camino más íntimos, desde hace un largo tiempo siento el apremio, y la también apremiante necesidad interior de cambiar de forma y comunicarme de un modo menos jerarquizado y más semejante con mis semejantes, lejos de las atalayas magistrales orientales, e incluyendo en mi caminar otras tradiciones contemplativas más allá del Zen. De algún modo ya adelanté esta forma de pensar en mi libro SER LA PROPIA LUZ (Ed. Desclée de Brouwer, 2015), donde me expreso de modo respetuoso, aunque crítico, ante la relación infantil que a mi modo de ver se da entre maestro y discípulo en el ámbito occidental. Una relación de inmadura dependencia o minoría de edad que siento no sólo inapropiada, sino injustificada e indigna para la persona humana a estas alturas de la evolución de la conciencia.

Siempre he dicho que la Vida, por el hecho de ser Vida, es en sí misma desbordante, no cabe en ninguna escuela, ni iglesia, ni ritual, y el camino del Zen -lo digo con enorme gratitud- aunque sólido y auténtico, ha pasado por mí y pertenece a mi pasado; ya no lo siento como cuando me inicié en él a través de magníficos maestros a quienes agradezco su guía. Sin embargo, hoy me resulta estrecho, incluso una pesada carga a la hora de poder transparentar mi sincera experiencia ante aquellas personas que se acercan a mí buscando el sentido de la vida. «No te dejes llamar Maestro ni Rabí…» pedía el Maestro de Nazareth. Un maestro ajeno al Vaticano, y aún por descubrir fuera de marcos confesionales.

Sé que la decisión de ir a la Cima por otro sendero, puede causar zozobra en algunas personas muy queridas para mí, pero quiero insistir en que en mi caminar yo no cambio la visión de la Cima, solamente del sendero que a ella lleva, ya que no sólo transitaré así más fluido y seguro, sino que estoy convencido de que con tal seguridad ayudaré mejor y con más fuerza a quienes conmigo, vacíos y libres de equipaje, se dirijan confiados a la Cumbre. «Nadie -clamaba León Felipe- fue ayer ni va hoy ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para cada hombre (sic) guarda un rayo nuevo de luz el sol y un camino virgen Dios».

La experiencia del Ser, – lo he dicho toneladas de veces- no es un privilegio de personas religiosas o de maestros de iluminadas maestrías, sino un derecho de nacimiento y patrimonio de la toda la humanidad, un corazón sin coraza que late mejor en los más frágiles y humildes, por lo que antes de pasar a la otra orilla, deseo ser y servir a mis iguales como un compañero más, quizá de edad provecta, pero igual, porque sin igualdad no cabe la cercanía y dudo que tampoco quepa el amor.

Mis compañeras y compañeros de Sangha (nombre que me gustaría cambiar por otro más occidental), sabrán desde ahora que seguiré en Ipar Haizea con el espíritu de quien quiere compartir lo que le fue dado, aunque no con las fuerzas físicas de antaño, pues mi cuerpo ya mayor, se resiste a vivir mediatizado por rituales y lenguajes que, como digo, le resultan cada vez más ajenos, pues se siente verso libre dentro de las estrofas japonesas o alemanas.

Meditación Bilbao