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…»Creedme, clamaba Jesús, yo he vencido al mundo”…

Las religiones estatuídas ya han cumplido muy bien la función consoladora de mantener a salvo al pequeño yo, pero la auténtica espiritualidad supone abrirse a la autenticidad de aceptar la Vida en su integridad. No es adaptativa sino transformadora, no pretende legitimar determinadas visiones del mundo, ni amparar ningún dogma u opinión colectivamente establecida; ni pretende sostener un modelo de filosofía que entienda como fundamento inapelable el individualismo y el competir ajeno al compartir. La espiritualidad auténtica DESARTICULA lo que las civilizaciones consolidadas consideran como legítimo: un yo separado que trata de perpetuarse en el tiempo y único modo de hallar sentido en el sinsentido de la adoración al Dios Mercado y sus mercaderes, como ahora ocurre. La conciencia despierta se sacude ese yugo alejándose del mundo que los grandes profetas denunciaron, y les costó la muerte, como ocurrió a Jesús, o a Margarita Porete en la oscura Edad Media. O matando a Monseñor Romero, que molestaba con su Evangelio vívido: «si hablo de amar a los pobres me llaman compasivo, pero si me pregunto sobre las causas de la pobreza me llaman comunista». Todo eso, lo estamos viendo y padeciendo, aún persiste.

La práctica de la verdadera meditación no se adapta a las condiciones del imperio o establo establecido, rompe radicalmente con él. No es un opiáceo más que ayuda a la adaptación más que a la transformación; no consuela satisfaciendo al ego, lo trasciende. “Creedme, clamaba Jesús, yo he vencido al mundo”.

Retiro de invierno del 7 al 9 de febrero de 2020, en Berriz, guiado por Rafael Redondo.

Retiro invierno iparhaizea

Retiro del 7 al 9 de febrero de 2020, en berriz, guiado por Rafael Redondo. ¿Qué supone hoy vivir la espiritualidad, ante la tragedia diaria de un mar Mediterráneo devenido en el cementerio de los pobres? Y pongo el ejemplo de un escenario desolador que, sin embargo, no es ni por asomo el único espacio de dolor y sufrimiento que los Medios se encargan de ocultar.

Estoy hablando de una desafección que significa más, bastante más, que simple rechazo o pereza mental, sino de una consciente o inconsciente vivencia colectiva desgarradora: la ausencia de Dios, eso que en los años sesenta del pasado siglo se llamaba “silencio de  Dios”. La cuestión radical no es otra que la constatación de que un mundo violento, inhumano e injusto hasta las heces, pueda ser obra de un bondadoso Hacedor. Esa lacerante impresencia de Dios, aunque larvada, es la nueva fe, ante la que la impotencia de los inocentes estriba en su lacerante experiencia de no hallar una mano tendida en un mundo que quiso llamarse fraternal, una mano tendida que solo halla el vacío como respuesta; unos ojos desesperados ante una civilización espiritualmente acartonada que ha cambiado el monoteísmo cristiano, judío o musulmán, por el monoteismo pétreo e inamovible –más inamovible que el Ser de Parménides- del Dios Mercado. El nuevo Dachau es el Mediterráneo. Hablo de una atrocidad diaria solamente atemperada –más bien disimulada- por la indolencia programada por los potentes Medios de Comunicación al servicio del Dios Mammón, que maneja los cerebros haciendo que los sujetos devengan en individuos de tal modo alienados que su conciencia lleguen a querer hacer lo que tienen que hacer. Hablo del dios de los desalmados sin alma, el dios de los infiernos, no de los infiernos del más allá sino del más acá.

¿Qué pinta la espiritualidad en este contexto?

Esta pregunta me ha llevado desde hace décadas a releer los tratados de Filosofía, Teología, religión y espiritualidad que he podido hallar. Y puedo responder que en el fondo –subrayo eso del Fondo- de todas las religiones, la experiencia de quienes directa o indirectamente las promovieron era y sigue siendo un mensaje de amor, de un amor compasivo dirigido ante todo a quienes viven abandonados, proscritos y gritan la ausencia de Dios, a todo lo que clama tal ausencia.

Y también me pregunto: ¿qué otro sentido puede tener hoy el sentarse en Silencio, que experimentar Algo que,  transcendiendo toda creencia, me une a la Ley del Amor, como único  mandamiento natural interior no sujeto a dogmas exteriores? ¿Qué otro sentido puede hallar quien, siendo uno con la Vida y lejos de fomentar la religión como Opio del Pueblo, nutre su alma y cuerpo del Espíritu que se derrama sobre todo ser viviente, pleno de disponibilidad, de compromiso y solidaridad con todo lo que vive? ¿Qué otro fundamento vital puede toparse para sí mismo y para los demás quien, vacío de la adherencia obstaculizadora del Pensamiento Único y libre del ego estrecho de los resignados, salta los diques del desorden establecido por la avaricia, el establo establecido  en el monoteísmo del Mercado, y siente, presiente y comunica la Unidad con todo lo viviente que la meditación le brinda?

¿O no es acaso la verdadera práctica, la verdadera, dura y liberadora práctica meditativa, la que me descubrirá al fín que si sufro es por vivirme como fragmento siendo Totalidad. Hablo del diario ejercicio, de la  práctica constantemente alerta, de la vivida en cada instancia del instante, que, alejándome del asfixiante egoísmo programado por tierra mar y aire, es Espíritu  y Funte de Vida que me empuja a ir contracorriente hacia el desasimiento previo que me abre al todo, y a todos y al Todo que está en todo?

¿No será acaso que haya llegado ya el momento –yo afirmo que sí ha llegado- en que la Voz del Ser, o Dharma, o Dios, o Lo Sin Nombre, o como quieras llamarle se hace  una sola voz, un solo sabor con el Silencio que no es vacío inocuo sino un desbordante tsunami de Presencia?

¿No ha llegado el momento cruel y doloroso en que el meditante -¡vaya palabra!- acepte sumergirse en el corazón del infierno, de nuestros infiernos, en ese total despojamiento que nos unifica con los excluidos y excluidas,  abandonadas y así ofrecer con entera gratuidad lo que gratuitamente se nos concede que es la esperanza en un mundo nuevo, y así el temible Silencio de Dios deje de ser un estercolero mercantil para ser el Lugar Privilegiado de su Revelación?

Yo afirmo que sí, que se puede, que se puede, vaya que si se puede. Todo es cuestión de aprender a ser Nadie y tomarse en serio, no en serie, la meditación que matando convierte muerte en vida.

La práctica de Ipar Haizea es una invitación a vivir esa plenitud más allá del Zen, más allá de Ipar Haizea, más allá de toda organización y religión. Con esa esperanza finalmente escribo y hablo, la Esperanza de una Plenitud que nos es regalada cada segundo y se hace urgente regalar a un mundo sin esperanza.

 

Fechas y horarios7,8 y 9 de febrero.

Acogida el viernes 7 de febrero, de 18:00h a 19:00h; a las 19:30h, comienza el retiro.
Salida el domingo 9 de febrero, a las 15:00h, después de comer.
LugarBARNEZABAL Alkargunea-Casa de espiritualidad

C/ Sallobente, 20, 48249 Berriz, Bizkaia

Cómo llegar

 

Aportación económica e Inscripción-104€ HABITACIÓN INDIVIDUAL.
-85€ HABITACIÓN DOBLE

-Del total del coste;
94€ (hab individual) y 75€(hab doble) corresponden al coste del alojamiento, del fin de semana en pensión completa, el resto,10€ corresponden al Donativo.

-El pago integro del retiro(incluido el Donativo) se hará íntegramente en Berriz. Hacemos un llamamiento a la responsabilidad a la hora de apuntarse, pidiendo a quien una vez apuntad@ no vaya a venir avise con la antelación que pueda, con el fin de ocasionar las menos molestias posibles a la casa de Espiritualidad y a quien pueda estar en lista de espera.

-Os pedimos llevar el dinero justo para facilitar la recogida del dinero

-Quien quiera habitación doble, que nos lo haga saber a través del correo, indicando también la persona con la que comparte habitación.

-Las habitaciones individuales se irán completando, siguiendo el orden de inscripción, cuando estas se acaben, alojaremos a las siguientes personas en las habitaciones dobles.

-Para acudir, es importante haber practicado meditación previamente, y en todo caso, ser una persona a la que conocen Rafael Redondo..

-Si alguna persona, tiene alguna condición física y/o psíquica reseñable para su estancia en el sesshin, por favor, comunicarlo a la organización antes de apuntarse.

Para inscribirte:
Envíanos un correo electrónico con el asunto “Retiro”, indicando tu nombre y apellidos, dirección completa, DNI  y un teléfono de contacto a iparhaizea1@gmail.com, comunicándonos tu intención de apuntarte y te enviaremos un correo confirmándote que estas apuntad@.
Información importante:-El retiro será en silencio.

-Cada persona debe llevar su zafu o banquito y ropa cómoda para meditar, en caso de no disponer de zafu o que suponga mucho esfuerzo llevarlo, nos los comentas en el correo.

-En el caso de que el maestro por motivos de causa mayor, no pudiera a última hora acudir, se garantiza el desarrollo del Retiro con el acompañamiento de la sangha.

-Insistimos en la importancia de avisar con antelación, en caso de no acudir finalmente al retiro, pensando en la Casa de Espiritualidad y en las personas que pudieran estar esperando plaza.

Eskerrik asko
Un abrazo.

…y aunque la noche duela…

¿No somos hoy, todos, sujetos sin patria segura bajo los pies?
Esa es la pregunta que me formulo cuando cambiamos de estación, o de edad, o de…

Yo creo que sí hay otra patria segura, sobre todo para quien no persiguió su seguridad en las posesiones, sino en la inseguridad que se brinda a quienes confían en la verdadera Vida.

Y aunque la Noche duela, qué bien sé yo que está preñada de alba. Algo así balbuceé en una noche en que sentí mi vida movida y removida:

Transito tus silencios
de ti, oh espesa noche,
de la que soy tu centinela;
oh, noche, que me hieres y consuelas,
noche que ciegas y deslumbras…
Transito por tu umbría silenciosa,
cenagales y sendas pedregosas,
rodeado de estrellas y penumbras,
fantasmas de la noche que en las albas declinan
(al menos hasta ahora….),
cuando la densa y honda verdad de tu palabra,
silente y penetrante Dios,
sale, envolvente, ya a mi encuentro.
Y, con todos los sentidos muy despiertos
Puedo, al mismo tiempo, oír tu luz,
otear tu sentir en mis adentros.
Y olfatear con hondo paladar
el suave frescor de la inocencia.