Cuando pierdas toda sensación de ti…

Cuando pierdas toda sensación de ti,
se desvanecerá la atadura de mil cadenas.
Piérdete por completo
y vuelve a la raíz de las raíces
que es tu propia alma.
(Rumi)
Jesús brotó de un tajo en el Vacío.
Se permitió existir,
dejó su huella en el tiempo de su donación,
su marca en el espacio.
Y un gran destello en su borrarse…
Veo que lo inefable
acecha en el Silencio
que abraza y besa
cuando en él me deshago.
 R.R.
Música:  Highland  – Bill Douglas

 

 

LA FUERZA DEL CAMINO, LA FUERZA DEL EGO Y EL “COMBATE” ESPIRITUAL

 Texto de nuestro compañero Pablo Garmendia
LA FUERZA DEL CAMINO, LA FUERZA DEL EGO Y EL “COMBATE” ESPIRITUAL
A menudo se da una interpretación errónea a la palabra combate (o esfuerzo), que genera rechazo en círculos meditativos, más proclives a términos como “abandono” o “soltar”. A nivel conceptual puede ocurrir esto, pero cuando escuchamos desde el corazón de la práctica, se va advirtiendo que hablamos de una paradoja, y no de una contradicción.
Mucho se ha escrito sobre Taoísmo, y es obvio que, a su paso por China, el Budismo Zen fue muy influenciado por esta tradición. A mi entender, el “Wu Wei” (No-hacer) de Lao Tse se ha entendido muchas veces de manera superficial, y se ha usado como una referencia de “no esfuerzo, no-lucha”, que es muy fácil de malinterpretar. Empezando porque el término concreto es “Wei Wu Wei” (Hacer-sin-hacer, o dejarse-hacer-haciendo). Un ejemplo es el trazo de pincel sin esfuerzo o la acción de Aikido o tiro con arco que parecen darse por sí solas pero que surgen tras cientos de horas de compromiso con la Práctica y de confianza en el Camino en cuyo seno se lleva a cabo. Sin irnos a ejemplos tan “japoneses”, y aceptando todos los matices y objeciones, podemos reconocer la misma esencia en la “ola perfecta” del surf o el “acorde perdido” del jazz. O en un tal Inhiesta relatando cómo hay momentos en un partido de fútbol en que parece hacerse el Silencio cuando se dirige a portería y, en ese momento, antes de chutar y sin pensar en cómo hacerlo, ya sabe que es gol.
Podría decirse, también con muchos matices, que hay dos formas de práctica meditativa: una busca la calma, la otra busca la libertad tanto en medio de la calma como de la tormenta. Dentro de la segunda, hay diferentes formas de práctica (incluso dentro del Zen), unas más activas, otras más contemplativas, pero en todas ellas hay unas mismas cuestiones esenciales, que implican distintos “combates” o “esfuerzos”:
.- LA FE. Mantener la Fe en la Práctica -el Camino, Dios, el Dharma… (póngase el nombre que menos nos distraiga de lo esencial)- y en que ese Camino ya nos guía desde un principio, es un combate. Si la meditación no busca la calma como elemento principal, sino el ver-de-verdad, habrá movimientos interiores, que son signo de transformación hacia Lo Trascendente. Las estructuras físicas, mentales y emocionales se removerán y se tambalearán. Y el Ego, Mara, Demonio, o como se le quiera llamar, se resistirá con todas sus fuerzas, atacando nuestra Fe. Nos generará malestar, dudas, miedos. Nos hará dudar de nuestra propia capacidad de seguir en el Camino, de la capacidad de las personas que nos acompañan en el Camino, y del propio Camino. Multitud de pensamientos, emociones y molestias físicas tratarán de hacernos dudar. A su vez, el Camino nos sostendrá mientras pasamos a través de los engaños. El combate de la Fe es un combate de confianza, de retirar nuestra confianza a todos los engaños, que por otro lado estarán perfectamente argumentados (lucifer significa «el ángel de luz, el Gran Argumentador») y sostenidos por sus emociones y sensaciones físicas asociadas. Y poner esa confianza en algo ilógico, incomprensible para muchos, algo que nos cuesta mucho explicar, pero que vivimos con claridad como Lo Verdadero pulsando en nuestro interior. Si no cedemos (permanentemente) a ellos, los engaños se irán convirtiendo en aprendizajes que terminarán por reforzar nuestra Fe.
.- LA PRÁCTICA: Si no está exclusivamente orientada a obtener calma y bienestar, nos removerá completamente por dentro. Nos traerá crisis, porque lo viejo debe entrar en crisis para dar paso a lo nuevo, y las fuerzas reactivas se activarán. Cuanto mayor sea nuestro compromiso con la práctica, mayor será la reacción del ego. Puede hacerse más sutil y difícil de detectar, o más cruel y difícil de soportar. En todo, caso, buscará atraparnos en una práctica exclusivamente placentera, o bien nuestro abandono. El combate de la Práctica es un combate de perseverancia, atención, compasión y ecuanimidad. Seguir practicando, fortalecer nuestra atención para que nos permita observar cómo el ego trata de engañarnos utilizando nuestro cuerpo, mente y emociones y, al verlo, retirarle nuestra confianza y volver al ejercicio, una y otra vez, las veces que haga falta, sin pelearnos con los engaños, pero con la firme determinación de seguir en el Camino a través de la práctica. Y cultivar nuestra compasión para no torturarnos por la multitud de errores, distracciones e imperfecciones que ocurren durante la práctica y que, de hecho, son la propia práctica. Aceptar nuestras imperfecciones, observarlas compasivamente sin ceder a la presión enjuiciadora y perfeccionista del ego nos ayudará a hacernos humildes ante la perfección del Camino que nos acoge y nos sostiene con todo lo que somos. Y también a que no nos volvamos engreídos y rígidos con los demás en nuestro caminar. Caer en errores y tener imperfecciones es la base de todo camino de transformación. La perfección radica en seguir adelante a pesar de todo, pase lo que pase.
.- LA VIDA COTIDIANA. Lo que ocurre en la práctica Zen no es sino un reflejo de lo que ocurre en nuestra vida. No tiene sentido extenderse en esto, sólo indicar que lo que brota durante la práctica es lo que ya estaba ahí y que, sencillamente, queda al descubierto. En la vida cotidiana descubriremos también con nuestros propios ojos, en nuestro propio cuerpo y con nuestras particularidades, cómo es la Fuerza del Camino y cómo es la fuerza del ego, ya que la práctica sincera y comprometida nos transformará completamente, incluyendo necesariamente nuestra cotidianeidad. En lo que acontece en nuestro día a día, al igual que en la Práctica, se trata de un combate de perseverancia, atención, compasión y ecuanimidad.
Si estamos leyendo esto, es porque buscamos: Bodaishin, Bodhichitta… “buscar a Quien nos hace buscar”. Porque algo nos empuja interiormente a una búsqueda que no tiene demasiada lógica para quienes no se plantean que viven en un mundo de ideas e interpretaciones. Esa Fuerza del Camino nos sostiene e impulsa y ante ella siempre estará, en oposición, la fuerza del ego. La imagen del Buda alcanzando la iluminación no elimina a Mara ni a su ejército de demonios. La imagen de Cristo retirando su confianza al Tentador y entregándose al Padre no elimina el miedo, el dolor, la desesperación e incluso la súplica (Si es posible, aparta de mí este cáliz…). La imagen de Shiva Nataraja le retrata creando el mundo mientras sostiene con su pie al demonio de la ignorancia. Todas esas imágenes muestran la coexistencia de la Fuerza del Camino y la fuerza del ego, vividas a través de nuestra humanidad. Ése es el combate espiritual. Y dichas imágenes muestran la iluminación no como una liberación de esas fuerzas en base a su desaparición como por arte de magia o por un mero esfuerzo individualista, sino como un compromiso de Fe y de Práctica para acompasar, en el Zendo y fuera de él, el cuerpo y la mente individuales con el Cuerpo y la Mente del Camino. “Wei Wu Wei”, desde el Silencio surge la acción. Con una Confianza Plena en que mi individualidad ya es una expresión perfecta de la Totalidad. En que estoy siendo guiado y sostenido “desde antes de que nacieran mi padre y mi madre”. Pero a la vez consciente de que mi individualidad conlleva un peaje llamado “ego”, que siempre va a estar ahí y que TAMBIÉN debe ser confrontado desde esa misma individualidad, para que no nos adormezca en la calma o nos lleve a abandonar por miedo a la tormenta, independientemente de que cada forma de práctica lo desarrolle a su manera.
“La blanca luz de la Luna envuelve a la garza blanca. Siendo lo mismo, ambas mantienen su independencia”.
Kôan Zen.
Texto de nuestro compañero Pablo Garmendia

 

 

 

Música:  Divenire – Ludovioc Einaudi

 

 

RAFAEL REDONDO BARBA. PSICÓLOGO. PROFESOR. ESCRITOR. POETA. MAESTRO ZEN. AMIGO DISPONIBLE. (Publicado por Satsang Zaragoza el 19/10/20).

Un ruego. Si es posible, y creo que lo es: en los eventos en que participe, no me signifiquéis como maestro; me he alejado, borrado, y cada vez más, de esa atalaya que hoy considero ajena a la mayoría de edad. Agradezco amablemente a mis maestros el reconocimiento que en su día me otorgaron, pero yo ya no estoy ahí. Sólo sé ser amigo disponible, y eso ya es para mí un lujo…

Durante un tiempo salí en búsqueda de maestros iluminados lejos de mis fronteras, para que me adiestraran en el arte meditativo; hasta que un día vi que meditar es permanecer en mi verdadero hogar.
Es sabio, incluso hermoso e ilusionante, seguir a un guía y un camino; pero más sabio y hermoso es llegar a comprobar que ya no los necesitas; te digo más: que no los necesitaste.
Sé compasivo, por tanto, con quien se llama a sí maestro, pues, como mucho, él mismo deberá aprender que no es más que un camino que se pisa y luego se olvida. Ámale, recuérdale su sombra, le harás un favor porque no es infrecuente que sean engreídos, y duros de mollera. La sombra es la espalda de Dios. Y tú has nacido para ver en ti su rostro y cuerpo entero, cara a cara.

He conocido a eminentes profesores, compañeros de claustro, que, hasta jubilarse, únicamente hablaron y escribieron desde experiencias ajenas, nunca desde las propias.

He conocido a grandes Maestros que hablaban de LLEGAR A LO ÚLTIMO, sin acordarse de que el infinito carece de metas y escalones. En su discurso sobraba ambición, faltaba amor.

He conocido a maestras muy reconocidas como DESPIERTAS, y AUTORIZADAS para impartir las enseñanzas aprendidas de su gurú. Aunque sobradas de un marcado narcisismo.

He conocido a maestros y sucesores de maestros, RECONOCIDOS como ILUMINADOS, aunque esclavos servidores del poder.

Un verdadero maestro sólo reconoce a Dios como tal. Su magisterio consiste en hacer añicos toda ilusión. Yo agradezco a mi mejor maestro el gran regalo de haberme des-ilusionado.

Finalmente, tengo que añadir que si reconozco todos esos defectos en otros seres humanos, se debe a que mucho antes de verlos en ellos, los había visto en mí.

Ahora, en el otoño de mi vida siento como auténtico lo que de verdad tuvo que ver con el amor de quien ama y es amado. He visto a gente así, entre LOS MÁS DESPOSEÍDOS, sin otra credencial ni reconocimientos ajenos al de la sencillez de un vivir y decir plenos de compasión por lo viviente.

Cuando sientas que todo se derrumba,
en ese espacio fuera de límite y lugar,
acude a su cita. No hay alternativa.
En tu más temblorosa soledad
escucha a tu corazón,
donde el suyo te habla, bajo el suave silbido del bambú.
Y ante tal presencia muda, permite que su mirada
incendie el alma de tu canción,
que tus ojos se fundan con los suyos,
y prenda para siempre fuego a tu poema.
Cuando todo se derrumba es que Ello está cerca.
Por eso quema.
No tenga(mo)s miedo

Rafael Redondo Barba.

Meditación Bilbao