Impresiones después del retiro de Berriz, en marzo en 2013

Queremos compartir aquí las impresiones y el poso de lo vivido en este retiro por dos miembros de la sangha, y dar las gracias a tod@s por ese espacio que ofrecemos, a nosotros y a los demás, para permitir que Eso se muestre.

Impresiones de Marina

Hola,

Lo cierto es que he vuelto del retiro y siento unas ganas inmensas de sentarme a meditar a todas horas…, hay guerra en la oficina y siento que no va conmigo la cosa… estoy mas en el centro, claramente.

No comenté nada allí, pero me encantaría compartir contigo el sentimiento tan profundo que viví; la comprensión, de que todos somos amor. Era una certeza total.

¡Qué gran regalo! Me siento tan agradecida por poder sentirlo y poder compartirlo…

Esta mañana, a las 6, cuando me he sentado, se me caían las lágrimas con tanto agradecimiento…

No se quién eres, pero da lo mismo, tu eres yo y yo soy tu.

Te mando un abrazo muy fuerte.

ME PREGUNTAS COMO…

Khalil Gibran

Me preguntas cómo me volví loco. Ocurrió así: Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que se habían robado todas mis máscaras, las siete máscaras que había modelado y usado en siete vidas.

Huí sin máscara por las atestadas calles gritando: “¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!”.

Hombres y mujeres se reían de mí, y algunos corrieron a sus casas temerosos de mí.

Y cuando llegué a la plaza del mercado, un muchacho de pie sobre el techo de una casa, gritó: “¡Es un loco!”.

Alcé la vista para mirarlo y por primera vez el sol besó mi rostro desnudo. Por primera vez el sol besó mi rostro desnudo, y mi alma se inflamó de amor por el sol y ya no deseé más mis mascaras. Como en éxtasis grité: “¡Benditos, benditos sean los ladrones que me han robado mis máscaras!”

Así fue cómo me volví loco.

Y he hallado libertad y salvación en mi locura; la libertad de estar solo y a salvo de ser comprendido, porque aquellos que nos comprenden esclavizan algo nuestro.

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Impresiones de Alberto

Hola herman@s,

Tras este mi primer retiro, intenso, quiero expresaros mi agradecimiento porque estoy empezando a intuir la grandeza de lo que se manifiesta a través de cada uno de nosotros y a través de todos nosotros juntos, tanto los que recibimos estos correos como los que de alguna manera están vinculados a eso que hemos nombrado IparHaizea, es decir, todo cuanto Es.

Gracias por ese Silencio sanador que el Viento del Norte está ahuecando en el ruido, para ofrecerse en un espacio en el que permitir al individuo expresar su vibración particular, única, bella, para encontrarse con las otras y, en un juego maravilloso, armonizar.

Gracias por ese maravilloso maestro que es ese arroyo que, como dijo Vicente, cantaba tantaytantosmil sutras por segundo, y al abrir las ventanas durante el kin hin nos regalaba su enseñanza. Y gracias a Rafa, siempre, y a Vicente, -al próximo retiro que venga, que vaya a buscarle otro, porque ese regalo hay que compartirlo- por hablar como el arroyo, cantando: “Sin forma eres todas las formas”.

También quiero seguir con la apertura, y como todavía estoy blandito, aunque me da cosica, quiero compartir una experiencia de este fin de semana, antes de que la coraza se recomponga. Se mostró al bajar de la ermita. Veo, dentro de mi, un Juez, implacable, sin piedad, dictando sentencias basándose en nosequé leyes, golpeando con el mazo y con una exigencia enorme, y al primero al que juzga es a mi: “esto lo haces mal, esto también, eres culpable…” y comprendí que eso me hace sufrir, entre muchas otras cosas, y hace sufrir a los que me rodean. Y al comprender eso, vi que cada uno tiene su monstruo y que lo ocultamos, huimos de él, le ponemos máscaras, y negamos nuestro dolor, a nosotros y a los demás, y al ocultarlo le damos fuerza, elevándolo a un nivel intolerable, en una espiral de locura… y lloré, abandonado a las lágrimas.

Ayer traté de escribirlo, en un ratito que me acerqué a la playa de Azkorri, por la mañana, y las únicas personas allí éramos dos parejas de la Guardia Civil y yo:

Bendito dolor, tú que a gritos me dices “por ahí no”
y señalas una trocha por la que me da miedo caminar.
Bendito dolor, porque eres heraldo del valor.
Bendito dolor, que eres puerta que cuando se atraviesa conduce al otro
allí donde la compasión abraza al que entra y le disuelve en el Amor
y mana una fuente que discurre en arroyo de lágrimas que sacude y conmueve
que arrastra el velo que ocultaba la caricia que soy
que se hace abrazo que acoge y suelta
para acoger y soltar de nuevo
en un único movimiento eterno.

Os amo.

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