ZAZENKAI – 28 Febrero de 2026 – «Despedirse»

ZAZENKAI 28 Febrero de 2026

ZAZENKAI 28 FEBRERO

DESPEDIRSE

No se puede encontrar la VIDA, sin decir adiós a nuestra vida. Eterno adiós. La vida es pura mudanza.

Uno se despide de todo, o se le quiebra el sentido del vivir.

No nos podemos bañar en la añoranza.

La vida está repleta de separaciones. Vivir es eso. Nos vamos de nuestros amores, y eso es maravilloso. Eso es vivir. Porque vivir sabiendo decir adiós, es comprender la vida. 

Sin el afán de encajonar la vida con nuestra razón, la vida sería festiva y no nos ahogaría. 

Los adioses vividos nos conducen a la plenitud. Son caminos que nos llevan a otros encuentros más plenos y necesarios para nuestro crecimiento.

Despedirse no debe costar tanto porque es la puerta abierta a otros mundos que nos esperan.

El agua no se detiene en ningún recodo. En ninguna ribera hermosa se asienta. La espera otra ribera. Ella sabe que si se para, se estanca, se contamina. No se deben pensar demasiado los pasos para darlos.

Así es nuestra vida, un movimiento continuo, porque la soledad más triste y la peor, es la de aferrarse al pasado y vivir siempre “en el mismo lugar.

El pasado se refleja en nosotros, y podemos confundirlo con nuestro propio ser. El pasado no es más que un reflejo que nos entretiene. 

Todo aparece ante nosotros para que lo vivamos, pero no para que lo retengamos. 

J.F.MORATIEL

Fecha y hora:

Sábado 28 de febrero, de 9:30h a 13:30h

Para inscribirse: Es necesario ser practicante habitual de meditación zen, y no es necesario responder a este correo para apuntarse. Os presentáis allí un poco antes para así poder empezar puntuales, y nos alegrará mucho veros.

Donativo para la promoción de la Meditación:

Las personas socias, que aportan habitualmente el donativo mensual de 40€, tienen incluida la participación en esta actividad.

Para las personas que participan de forma puntual en las actividades, damos la referencia de 25 € de donativo para esta actividad

Las personas que no puedan asumir este donativo, también pueden venir a meditar y aportar lo que esté en sus posibilidades.

CC: 2100 6253 4001 0009 2959

IBAN: ES02 2100 6253 4001 0009 2959

Cuyo titular es “Asociación para la Meditación Kita Kaze”, por favor, importante, indicando en el concepto “Zazenkai, nombre y apellido».

Lugar:

Zendo Iparhaizea

Edificio Alberdi, Gordóniz 44, 8º, departamento 5, 48002 Bilbao.

La puerta de acceso al edificio esta en la entrada del barrio de Rekalde, al terminar el puente, bajando las escaleras.

Ver mapa .
Acceso en transporte público:

  • Tren (Renfe Cercanías): Estación de Amézola
  • Autobus (Bilbobus): Líneas 27, 72 y 77
  • Metro Bilbao: Estación de Indautxu, salida Doctor Areilza (unos quince minutos andando)

Allí os esperamos, un abrazo.

EQUIPO ORGANIZADOR DE ACTIVIDADES DE IPAR HAIZEA

Nos puedes encontrar en:

IparHaizea – Asociación para la meditación Kita Kaze

Calle de Gordóniz, 44

Bilbao, 48002

Enamorarse con aquello donde estés

«Enamorarse con aquello donde estés.»  – por Pablo Garmendia
En octubre de 2014, conocí a Jeff Foster en un seminario que dio en Berriz, Bizkaia, organizado por quien era en aquél entonces mi maestro de Yoga, Javier García de Andoin. Le traducía el filósofo de la ciencia y escritor Jordi Pigem, a quien tengo en gran estima.
Fue un bonito seminario, en forma de diálogos, al que también acudió mi primer maestro Zen, Rafa Redondo. Tenía como título «Enamorarse con aquello donde estés: Abandonando el Sueño de la Perfección y Descansando en la Presencia”.
Jeff emanaba un gran carisma y una gran bondad, era una gozada escucharle. Al finalizar el encuentro, le pregunté a Rafa qué le había parecido, y me contestó: «es una buena persona, y ha tenido una gran experiencia espiritual, pero aún le falta que le pasen más cosas en la vida». Me impactó esa frase, llena de compasión y experiencia vital. Me ha ayudado más de lo imaginable a lo largo de mi vida, a la hora de encajar lo que me va sucediendo en mi cotidianeidad y mi práctica de meditación. Aunque no tanto como la profunda enseñanza del ejemplo de vida de Rafa a lo largo de los años que, junto al acompañamiento de mi maestro Pedro Vidal, ha sido un pilar fundamental para encontrar sentido a mi camino.
Cuando tienes la suerte de contar con el acompañamiento continuado de maestros de la talla de Rafa y Pedro, es como un catalizador para el desarrollo espiritual. Sin embargo -tal y como ellos siempre han recordado-, tanto si tienes esa suerte como si no, el Maestro Interior te va guiando, si tu interés y tu entrega son sinceros.
Y eso es lo que veo en lo que le ha ido ocurriendo a Jeff a lo largo de estos años: la propia Vida le ha ido enseñando que el camino espiritual se desarrolla en lo cotidiano, sin separación. En octubre de 2014, él tenía una potente intuición de esto, y cierta experiencia, aunque aún mediatizada por el «embelesamiento hacia lo espiritual».
«Enamorarse con aquello donde estés: Abandonando el Sueño de la Perfección y Descansando en la Presencia” era un bonito título, que iba muy bien encaminado. Lo que dijo Jeff entonces era muy cierto. Y lo que dijo Rafa, aún más.
Todo esto viene a raíz de que hoy he visto en Facebook esta publicación de Jeff, de la que he copiado el texto, aunque -para variar- ha desaparecido de mi vista y no soy capaz de volverla a encontrar para poner el enlace:
«Tengo que confesar algo.
Durante muchos años subí al escenario en conferencias y retiros espirituales y hablé sobre la presencia, la consciencia y las alegrías del despertar espiritual. Viajé por el mundo como el «maestro no dual». El del lenguaje inspirador. El de las «respuestas». (¡Bueno, al menos para algunos!).
Entonces la vida me quebró. En su extraña e implacable compasión, me hizo caer de rodillas. Enfermé. Más enfermo que nunca. Más enfermo de lo que jamás hubiera creído posible.
La enfermedad de Lyme me aplastó. Sentí una humildad que superó cualquier cosa que pudiera imaginar.
Hubo momentos en que creí que nunca volvería a caminar, y mucho menos a enseñar.
Día a día, me centraba solo en sobrevivir. En sanar. En poner un pie delante del otro. Sé que muchos de ustedes se identifican.
Afortunadamente, finalmente encontré el diagnóstico y el tratamiento adecuados. Estoy eternamente agradecido a todos los ángeles que estuvieron a mi lado y me ayudaron a sobrevivir y sanar.
Entonces sucedió algo más. Me enamoré perdidamente. Me casé. Me convertí en un esposo devoto, y luego en padre. La vida familiar se convirtió en mi prioridad absoluta. Estar presente y defender a mi esposa e hija. Lavando platos también. Pagando facturas. Cambiando pañales. Noches de insomnio. Lágrimas. Risas. Aprendiendo cada día a ser un mejor padre y compañero. Sorprendido y humilde, desafiado y renovado, una y otra vez.
Responsabilidad ordinaria e incesante.
La alegría más profunda de mi vida no estaba en un escenario. No estaba en un párrafo bellamente escrito sobre la consciencia. Ni en un podcast ni en un retiro. Ni en la aprobación de los demás. Ni en una brillante realización espiritual. Ni en la «trascendencia» misma.
Estaba aquí. Justo aquí. En la cocina. En el desorden. En el férreo compromiso de la vida familiar.
El «maestro espiritual» que había en mí murió. Menos mal.
Y lo que ha nacido en su lugar es algo mucho más arraigado y mucho más humano. Lo que enseñé en el pasado no era falso. Simplemente era incompleto, pues aún no había sido probado por completo.
Todo lo que hablé y escribí en aquel entonces era profundamente sincero. Era la mejor verdad que podía expresar en aquel momento, pero , ahora, vivo profundamente arraigado en una espiritualidad que no escapa al cuerpo. Que no niega la ira, el dolor, la confusión ni la duda. Que no pretende estar más allá de la necesidad, del amor, del apego, de la humanidad, de la responsabilidad.
No estoy por encima de la vida. Estoy EN la vida. Plenamente en ella. Ya no me importa ser espiritual ni especial. Ya no quiero ser el sabio. Preferiría, mil veces más, ser un esposo que está presente. Un padre que protege y apoya a su hija. Un hombre que está presente cuando es incómodo.
La vida ordinaria no es una distracción del despertar. Es el horno que lo forja. Es su fruto. Su alfa y su omega.
Sí, pasé por un infierno para llegar aquí. Perdí los últimos vestigios de mi personalidad espiritual. Perdí la certeza. Perdí mi imagen. Perdí cualquier interés en tener razón. O en ser admirado. O en ser un «maestro» en absoluto.
Toda esa identidad se desvaneció.
Lo que queda es más simple, más extraño, más fuerte y más alegre que cualquier cosa que haya conocido.
Me inclino ante esta vida ordinaria. Me inclino ante su extraordinario y trascendental lodo. Ante lo sagrado y lo profano de todo. Ante la salvaje, hilarante y escandalosa ternura de ser plenamente humano.
Me inclino cada sagrado día ante el amor que me abrió y me rehizo.
Ahora, por fin, puedo «enseñar» de verdad.
Precisamente porque ya no lo necesito.»
– Jeff Foster

Vivir despierta por Montserrat Simón

Vivir despierta

Muchas personas anhelamos vivir con mayor presencia, vivir una vida despierta.

De hecho, el término buddha significa ‘el que ha despertado’, el que ha experimentado una comprensión transformadora de su existencia, el que en lo profundo de sí vive en la luz y la dicha de esta comprensión.

Una imagen idealizada

Ahora bien, en ocasiones, este anhelo de vivir despiertos que nos atrae hacia la plenitud, se convierte en fuente de rigidez y frustración. Nos creamos una imagen idealizada de lo que significa vivir despiertos. Proyectamos el arquetipo del sabio como el de un ser que vive en la dicha y que estando más allá del bien y del mal no siente dolor, ni placer, ni gusto, ni disgusto, alguien que ante cualquier estímulo permanece impasible, o siempre sonriente.

Pero, ¿sería humano alguien así?

Dice Jñāneśvar al describir la figura del yogui:

«Su mente no se inquieta cuando el placer o el dolor tocan su cuerpo…» .

(Jāneśvarī)

Y en palabras de Nisargadatta cuando le preguntan si alguna vez está contento o triste:

«Llámelos como le parezca. Para mí son solo estados de la mente y yo no soy la mente»

(Yo soy Eso)

El placer y el dolor ocurren inevitablemente.

Una cosa es que el sabio no reduzca su identidad a lo que siente, que no se apegue ni al dolor ni al placer, ni al gusto, ni al disgusto y que descanse en la dicha interior de saberse ser la conciencia que se da cuenta de todo lo que aparece y desaparece en el campo de la percepción. Otra cosa es que no sienta… El placer y el dolor ocurren inevitablemente, son inherentes a la vida. Si el sabio no sintiese nada ¿en qué se distinguiría entonces de una piedra?

Anhelamos vivir despiertos porque algo en nosotros sabe de una realidad mucho más amplia, de la posibilidad de vivir un mundo completamente nuevo. Pero antes de seguir la cuerda a lo que nuestra mente, controlada por el ego, imagina acerca de lo que significa ‘vivir despiertos’, merece la pena examinarlo.

Ahí va una posible reflexión al respecto:

Soñar

Cuando soñamos, todo tipo de mundos y posibilidades se proyectan en nuestra mente: reímos, lloramos,nos enfadamos, nos falta tiempo, pasamos de un lugar a otro sin mediación de tiempo ni espacio, caemos, corremos, algunos incluso llegan a volar…

Vivimos todo lo que ocurre en el sueño como si fuese real, porque para nuestra mente lo es, hasta el punto de que incluso el cuerpo físico llega a reaccionar fisiológicamente, con sudores y movimientos varios.

Sin embargo, al despertar el sueño se desvanece y los sentimientos asociados poco a poco se van disipando. Decimos «solo era un sueño», pero ¡parecía tan real!

Ahora aparece ante nuestra percepción otro mundo totalmente distinto, con distintas posibilidades, algunas similares y otras, como volar, casi impensables (aunque pensable es porque lo estamos pensando:-)).

¿Y si esta realidad que damos por supuesta no es tan real? ¿Y si no existe objetivamente del modo en que la damos por sentada?

Igual que en un sueño lo que estoy soñando se me presenta tan real, pero resulta ser un sueño, ¿puede ser que la ‘realidad’ que percibo habitualmente sea solo una imagen proyectada según mis pensamientos, juicios y creencias? Es decir, ¿puede ser que lo que llamamos ‘realidad’ fuese en este sentido como un sueño y que existiese la posibilidad de despertar de él?

¿Cómo podemos despertar de ese sueño al que venimos llamando ‘realidad’? Igual sería más exacto llamarle ‘mundo de la experiencia’, o simplemente ‘experiencia’.

Sigamos con la imagen del sueño como elemento para la comprensión. ¿Cómo puedo despertar de un sueño? Puede que nos despertemos porque suena el despertador, o porque en el propio sueño ocurre algo tan intenso que necesitamos despertar de él, o también ocurre que dentro del sueño nos damos cuenta de que es un sueño y podemos decidir despertarnos, o seguir, pero a sabiendas de que podemos elegir lo que proyectamos.

Algo parecido ocurre con el mundo de la experiencia, a veces sucede algo que sacude nuestras vidas y nos lleva a ver las cosas desde otra óptica completamente nueva y la anterior forma de ver resulta ilusoria, como un sueño cuando despertamos.

En algunas personas se da una comprensión repentina, no buscada, en la que algo le presenta el mundo con una luz completamente distinta, impensable e inefable; el mismo mundo aparente pero lleno de vida, de luminosidad y de indecible belleza.

Esta forma de ver puede quedar en un vislumbre, o que algo de la persona corra a apropiarse de la experiencia y lo que se presentó como verdad sentida termine siendo solo un concepto. Sin embargo, en muchos de estos casos parece ser que la mirada y la comprensión interna quedan transformadas para siempre.

Finalmente, la mayoría de las personas vivimos la intuición de que tal vez lo que llamamos ‘realidad’ no sea tan real como nos parece. Hemos vivido atisbos de otra realidad mucho más evidente y real; en momentos de un silencio y quietud profundos, en momentos en los que nos hemos sentido puro amor y gratitud, en momentos en los que todo aparecía como uno ante nuestra mirada, con una radiante luminosidad.

Estas experiencias apuntan hacia algo que, paradójicamente, está más allá de la propia experiencia. Des este modo, se nos alienta a investigar esa posibilidad, la posibilidad de despertar a esa otra ‘realidad’ que intuimos.

Esto sería como empezar a preguntarnos en el sueño «¿y si estoy soñando?» Y es el primer paso que nos dispone a la posibilidad de despertar.

Despertar

¿Qué significaría entonces ‘despertar’? ¿Qué significaría ‘vivir despiertos’? Significaría ante todo un giro cognitivo de repercusiones existenciales. Una percepción de la realidad muy diferente de lo que apenas alcanzo a imaginar con las intuiciones y pequeñas experiencias de plenitud.

Dicho esto, lo siguiente sería reconocer con honestidad que de momento no sé en qué consiste exactamente ‘vivir despierta’. He leído en qué consiste, de lo que he leído imagino algo según lo interpreto, combinado con mis vivencias, intuición y sentir interior. Y ¡es maravilloso! Porque esto acrecienta mi anhelo de ver, pero para poder abrirme realmente a ver tengo que reconocer que no sé qué es exactamente lo que he de ver, que no tengo ni idea de lo que significa ‘vivir despierta’.

Solo entonces estaré en disposición de des-cubrir lo que ha de ser des-cubierto, sin proyectar lo que yo imagino que debo encontrar. De este modo, me pongo a disposición de una Conciencia mucho más amplia, que es lo que, tal vez, pueda presentarme una realidad mucho más amplia.

¿Dónde está esa Conciencia amplia?, ¿quién o qué en mí se da cuenta de todo lo que aparece y desaparece en el campo de la percepción? Tal vez eso ya estuvo siempre despierto mientras yo soñaba que dormía.

Monserrat Simón

Meditación Bilbao