VIVIR EL CUERPO DE LA REALIDAD. Jornadas/Diálogos con Vicente Gallego.

Anatomía vivencial del abrazo sincero

Vicente GallegoCuando uno ve que en el mundo de los conceptos en que se debate no ha podido dar con ninguno que fomentara, tarde o temprano, su confusión, su angustia, cuando se confiesa encerrado en un inhóspito bloque de hielo, uno está listo para escuchar la palabra del deshielo con todo el vigor desesperado de su ser.

Cada palabra es la palabra del deshielo.

Diálogos para abordar el acercamiento a la naturaleza original [no-dual] de la realidad

Lugar

Hospedería del Silencio. Robledillo de la Vera, Cáceres.

Fechas

6 al 8 de junio

Precio

Jornadas en régimen de estancia con pensión
completa: 149 €. Ingreso anticipado, al inscribirse: 50 €. El
resto (99 €) se abonará en el lugar de celebración de las
Jornadas.

Información y reservas

ECOCENTRO 915.535.502 (Lola
Bermejo) lb@ecocentro.es

Como llegar

Se facilitará transporte desde Madrid, ida y
vuelta en minibús (50€), para los interesados.
www.ecocentro.es/content/document_files/110214%20
TRIPTICO%20HPD.pdf

Duración

Comienza viernes a las 20 h. y finaliza el domingo
después del almuerzo.

A nada estamos sujetos, y ni siquiera a la nada estamos prendidos. Jamás nació el alma verdadera de este mundo, jamás conseguiremos renunciar a nuestro eterno nacimiento.

Aproximaciones al abrazo sincero

Sinceridad del alma

El alma, en su primera y última desnudez ha de ser una y la misma para todos, el ánima mundi. Al enamorado conocimiento de este hecho, lo llamaremos la sinceridad del alma.

La realidad manifiesta

El cuerpo de los días laborales no está separado de la realidad manifiesta, carece de límites por los cuatro costados y es la expresión inmaculada del ser absoluto. Es el ojo ilimitado del espíritu en el mundo.

El tiempo

¿Dónde estás tiempo acreedor, cuando el hombre ya nada espera del día de mañana, cuando cae en su mejor olvido, se recoge en sí y es hallado por entero en la ilimitada carnalidad de su presente?

La felicidad

¿Qué puede la felicidad hacer por el hombre? Cuanto más desees agradarte, más interminable será tu descontento. Ver que el saco está roto, solo eso nos cumple. El único modo real de acrecentar nuestra dicha es procurársela a aquellos que nos rodean, sin olvidar el respeto y el cariño debidos a la madre naturaleza.

Incapacidad de los conceptos

Aceptemos la incapacidad absoluta de los conceptos en determinar lo que somos. No dejéis que un nombre os impida celebrar que allí donde creísteis ver una cosa, un objeto separado de vosotros, en realidad estáis viendo el ser indefinible de todas las cosas.

Quedar a la intemperie

No ser nada en absoluto, este es nuestro ser. El que encuentra una morada se ha privado del único techo verdadero. La mayor recompensa para el alma es encontrarse con las manos vacías de cualquier posesión que no sea su desnuda realidad.

Introspección/Contemplación

La introspección se cumple cuando la propia atención, disipando las tinieblas de los apegos a lo atendido, a lo pasajero, da consigo misma como pura conciencia, libre de todo objeto, sin haberse desplazado realmente. La contemplación no es el fruto de la introspección, sino su punto de partida y de llegada, es ver de inmediato la identidad de todas las cosas sin ceñirnos a ninguna, es permanecer idénticos en lo bueno y en lo malo, en todo y más allá de todo.

La búsqueda de la verdad

La verdad no se busca a si misma, por lo que todos los que la están buscando, están suplicando algún tipo de consuelo. No hay posible salvación del alma allí donde ella la reclama, en su insinceridad. Estamos salvados allí donde no necesitamos ya de ninguna merced, donde nos sinceramos, en esta maravillosa pobreza de reconocernos enteramente uno con nosotros mismos.

No se trata de buscar la verdad en otra parte, se trata de cogerla por las narices aquí y ahora y obligarla a tragarse nuestra sopa negra. Buscarla fuera de la sopa negra es trabajo para la soberbia y la codicia, y así se retribuye.

La mente. Las preguntas y las dudas.

En el mismo momento en que caemos por completo en la cuenta de que la mente resulta imposible de colmar o conformar, la hemos desactivado y estamos fuera de su engaño. Y no es entender la mecánica de sus engaños de manera superficial, con la propia mente, sino de disolverlos con la pura inteligencia. Sólo entonces seremos capaces de disfrutar en plenitud, aquí y ahora, de cada nueva experiencia.

La pregunta acerca del sentido de la vida, que plantea en nosotros la ingratitud y que adopta la forma del “porqué”, es un pozo insaciable de inquietud. La gran noticia es que la realidad no se percibe, está más cerca, es lo que somos. Pero incluso la pregunta del “quién”, que es la realidad incontestable, debe hundirse en el silencio sin origen del corazón.

Solo cuando dejamos de buscarle sentido a nuestra vida prende la llama en nuestro hogar y ahuyenta el frío, la llama que todo lo responde en su silencio al romper con la necesidad de todas las preguntas.

Humor

El humor es pura alegría de ver y aceptar las cosas como son. Habrá que cultivar un humor sin límites para no ser nadie, para reconocerse lo ilimitado y permitir así que todos lo seres sean libres.

Ser gente

Ser gente es dar un paso atrás para mantenernos a la altura de los otros, allí donde podemos contemplarnos en perspectiva como uno más, sencilla y francamente. Algo se aquieta entonces adentro, y vemos con claridad mientras vamos y venimos en el juego del vivir.

Creencias

Toda creencia, puesto que es un producto banal del miedo a abrir los ojos, rezuma el veneno de su inseguridad constitutiva y se topa con su propio obstáculo, que es el no poder creer completamente en sí misma.

Libre albedrío

¿A que llamamos nuestra voluntad, nuestras intenciones? ¿No están todas dependiendo del trabajo en equipo de la insondable naturaleza?

La muerte

Aquel que no cesa de importunarnos con sus miedos a la muerte y a los resultados del tiempo de su vida, es precisamente el muerto ¿no es para morirse de la risa?

La muerte no es aquello que va a ocurrirnos el día de mañana, sino la imposibilidad absoluta de recuperar el cuerpo tal como era hace un segundo, y con él el cosmos, por no hablar siquiera de esa fruslería a la que llamamos nuestro yo, el cadáver en descomposicón de nuestro pensamiento.

La muerte sólo existe para nosotros como agente perturbador en la medida en que nos empeñamos en convocarla por medio del pensamiento, es decir, en convocar nuestra idea de la muerte.

Espacio/tiempo

Nuestra conciencia de ser, la que permite que todo se manifieste como un objeto de nuestro conocimiento, no ocupa un lugar en el espacio ni admite ser ubicada en el tiempo, y así, el tiempo y el espacio no encuentran ya otro lugar en el que reunir sus diversas manifestaciones sino aquí y ahora. Solo la ignorancia atribuye a los metros y minutos, el poder de fragmentar la realidad.

Los tres alcances del abrazo sincero

En la medida en que la ignorancia ha hecho de nosotros un fantasma, solo llevaremos a nuestro abrazo con el otro, las proyecciones del espectro. El espectro reclama ser amado, porque no halla en sí el amor, porque no sabe nada de él.

El abrazo sincero, en cambio, nos va a abrir las puertas a nuestra común interioridad, justamente allí donde interior y exterior se revelan como una sola evidencia, la de la ubicua.

Primer alcance del abrazo

Hacer nuestro el cuerpo cósmico de la realidad

El hombre solo puede comprenderse siendo uno con todas las cosas cuando se derrama sobre él, borrándolo, la claridad del alba primordial, la razón pura de amor.

Donde todo deja de existir, el ser se ensancha hasta alcanzar el centro sin centro de lo uno, y en su hondo regazo esplende el universo.

Algo muy puro y vivo está palpitando debajo de esos esbozos con que cubrimos nuestros cuerpos al encerrarlos en nuestra idea de nosotros mismos. La carne es un aroma, un tacto cierto, una temperatura extrema de la vida. A esta profundidad del alma, en la pura epidermis del amor, del abrazo cósmico, los nombres trasparecen y el tacto infalible del conocimiento siente por primera vez lo que es el cuerpo: abrazados a sus iguales, los cuerpos se funden para abarcar la entera humanidad, la carne una.

Aunque el cuerpo real del ser humano coincida con el de la totalidad manifiesta la realidad solo puede ser vivida desde este punto focal que es el cuerpo de los días laborales. Este cuerpo es nuestro auténtico yo, puesto que es el diáfano lugar donde la conciencia da consigo misma tal como ella es, una con la carne de cada cual sin que su infinitud quede limitada por ninguna de sus residencias particulares.

Segundo alcance del abrazo

Disolver la existencia en la vacuidad viva del ser

La existencia se hunde a cada instante en la vacuidad de nuestro ser y el ser se despliega en la vacuidad de la existencia. En el exterior y el interior, nosotros mismos; aquí y allá, antes y después, en las formas y en su ausencia, en la vida y en la muerte, nosotros mismos.

¿Podemos derrocar de inmediato, mediante una intuición fulgurante de nuestra naturaleza original, toda imagen que pretenda recluirnos, toda opinión y toda inquietud acerca de lo pasajero, para quedarnos de verdad a solas en esa comunión en la que jamás podremos hacernos violencia, pues jamás tropezaremos con nosotros al morar en nosotros mismos por entero?

¿Quién es el conocedor atemporal y ubicuo de todas las cosas, el auténtico ser de todas ellas?

La genuina vacuidad no es una villa de reposo a la que podamos retirarnos enfocando la mente en ella por entero, sino la naturaleza última de los pensamientos y los fenómenos.

No podemos buscar la paz fuera de la mente cotidiana, la mente cotidiana será la paz cuando dejemos de anhelarla en la superficie del pensamiento. La paz es el ser que teníamos antes de nacer, el que tendremos después de morir, y está plenamente presente aquí y ahora. Constituye el sustrato firme, la sola realidad de cada uno de nuestros estados mentales. Nunca podremos sentir la paz absoluta que somos, pero ¿es que acaso no basta, y hasta sobra con serla?

Tercer alcance del abrazo

Volver al mundo que ha sido puesto en claro Encarnar al hombre perfectamente corriente Levantar testimonio de gratitud y vivir en el pasmo

Lo que constituye la naturaleza viva de nuestras manos es el tenerlas vacías desde toda la eternidad, y así satisfechas. Vivir las cosas en su ángel es tomarlas como llegan y dejarlas en cuanto nos dejan.

Gracias a la higiene de nuestra naturaleza lo único que nos incumbe es estar vivos en esa pura inmediatez sin apoyos de la atención consciente.

El desapego no consiste en un desprecio de los afectos temporales ni en una devaluación del tesoro manifiesto, sino en fundamentar el amor y la belleza donde ambos surgen desde el seno del vacío y son el vacío que resplandece y se ama en sí. Es justamente de los resultados de lo que sabe liberarnos el amor, el pleno conocimiento.

El que crea haber visto esa vacuidad y se sienta legitimado para desatenderse del prójimo o despreciarlo, ese no la ha visto ni de lejos. Es cuando vemos la vacuidad en el rostro de cada uno de nuestros iguales cuando estamos viendo en cada cual la realidad absoluta de la vida. Hasta que el corazón no sepa que todo allí es un aquí, la gente seguirá sufriendo en sus respectivas lejanías sin que a nosotros nos importe demasiado en nuestro falso aquí, en la cerrazón de nuestro egoísmo.

El hombre íntegro es la generosidad del bueno y la maldad del malo, la pura comprensión de lo que no puede ser diferente de ninguna manera aquí y ahora en cada cual, porque cada cual es ninguno y somos todos. Esa magna comprensión a la que llamamos amor no le exige a nadie que sea perfecto, pues es ajena a cualquier violencia o expectativa, y así ve la perfección en el único sitio donde ella reina, en cada detalle de lo dado.

Tras este último alcance del abrazo sincero

Ver la relatividad de todo en toda circunstancia es más que suficiente para vivir en paz y con alegría. El que se sabe uno con la vacuidad omnipresente, continúa tranquilamente con lo suyo.

El auténtico ver es un pasmarse ante el innumerable atrevimiento del amor en expresión, un no salir del mundo del asombro ante el hecho único.

Nada queda por hacer, no hay nada a dónde ir. Aquí y ahora no hay obstáculos de ninguna clase: la mente se ha aclarado, se ha hundido para siempre en el corazón, y fluye con los fenómenos sin depender de ellos, en la perfecta libertad de su ser una con todo, y de estar, así, más allá de todo, en el pasmo de cada acontecer y en la verdad final de su insignificancia.

El hombre ha sido puesto en pie para que sea uno con la vida, para que ella cante lo sencillo que es vivirse donde todo viene dado y nada se acumula.

Vicente Gallego

(Valencia en 1963)

Poeta que cuenta ya con numerosas publicaciones, desde 1986: Santuario; La luz, de otra manera (Premio Rey Juan Carlos I); Los ojos del extraño (Premio a la creación joven Fundación Loewe); La plata de los días (Premio internacional de poesía Ciudad de Melilla); Santa Deriva (Premio de la Fundación Loewe y Premio Nacional de la Crítica); Cantar de ciego; El sueño verdadero; Si temierais morir y Mundo dentro del claro.

El año 2012 se dio a conocer también como ensayista con la publicación del libro Contra toda creencia, hacia lo enteramente nuevo y vivo, en Kairós. En esta misma editorial y también como ensayo, publica en 2014 Vivir el cuerpo de la realidad, que es el texto que sirve de base para la realización de estas Jornadas.

“El abrazo sincero del que nos habla Vicente en su obra no puede ser simplemente la creación de un literato consumado, sino la expresión plena de aquel que se ha dejado abrazar por la visión del cuerpo de la realidad, de aquel que no habla de oídas, sino desde el fondo de cada una de sus células, de sus vísceras, de su carne y sus huesos traspasados por la luz de la plena conciencia y, además, tiene el poder de expresarlo magistralmente en palabras.”

Dokushô Villalba.

Maestro Escuela Soto Zen. Monasterio Zen Luz Serena.

Los textos recogidos en esta presentación proceden íntegramente del libro de Vicente Gallego, Vivir el Cuerpo de la Realidad, los tres alcances del abrazo sincero.

* Para solicitar esta presentación diríjase a mubdi250@gmail.com ó a lb@ecocentro.es

Un pensamiento en “VIVIR EL CUERPO DE LA REALIDAD. Jornadas/Diálogos con Vicente Gallego.”

  1. soy practicante zen en murcia bajo la tutela del maestro pedro vida y me ha encantado encontrar estas palabras de luz y vida, mensaje para aprender a vivir y ser y seguir siendo hasta siempre jamas. un beso parra todos.

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