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Retiro meditación Iparhaizea invierno 2019

Retiro de fin de semana para la práctica de la meditación ZEN guiado por Rafael Redondo el fin de semana del 22 al 24 de febrero de 2019.

La experiencia de Ser, en sus mismas raíces,es radicalmente Amor.

Hay veces, mejor llamarlas voces, grandiosas, muy grandiosas por cierto, en que el discurrir de los instantes aboca hacia una comprensión inesperada. Como una presencia que te aborda en el camino. Un encuentro; sí esa es la palabra clave: encuentro. Y comprendes que desde décadas eras guiado en pleno vendaval; cuidado, re-clamado, incluso con-vocado. Ahí se entiende mejor qué es eso de la vocación, una convocatoria que en su hondo sentido es comprendida cuando no la esperábamos; algo que, al menos en mi caso, sucede en el ocaso, al final, no al alba. Sí, porque pienso siento y presiento que todo ser humano ha sido vocacionado, vocado y convocado para hacer algo hermoso con su existencia. Para ser artista de su propia vida, y su posición de artista –decía acertadamente el poeta José Ángel Valente- es una posición de espera, un abrirse a la escucha, un estar atento a ese algo fundamental que en nuestra profunda entraña nos clama y  nos re-clama. Y llega el encuentro con ese pescador de largo sedal que pacientemente te esperaba. Y marca tu vida.

Y tú ahí,  dichoso, ves que has estado esculpiendo en el mármol de tu nada, en tu estatua vacía que ahora rebosa de materia divinizada. Esculpías lo que no había, como moderno Godot esperabas Algo, quizá Alguien que no llegaba: lo no nacido, lo que desde tu no ser aspiraba a ser. ¡Cuán bella y certeramente lo dice el poeta y filósofo Hugo Mujica!

…Como el tejedor teje lo que no está…
El poeta no sabe lo que busca:
escucha lo que encuentra,
lo que el crear mismo va desvelando…

…El poeta sabe obrando,
crea creando;
no crea desde sí mismo,
se entrega a sí mismo: da su lugar,
deja llegar

Dar nuestro lugar, dejar llegar, hacerse disponible.

La Vida, al contrario de lo que hace nuestra civilización, tan ocupada en ocupar, es, como bien lo dijo e hizo Eduardo Chillida, un arte de desocupación, de desocupar espacios, de hacer un hueco al Otro, su lugar. El artista de la Vida desplaza esa función ocupante y pre-ocupante. Deja paso, ahueca el ala, se hace hueco. Un espacio Vacío que el Amor, siempre impaciente, al mismo instante ocupa.

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