Archivo de la categoría: Cartas a la Sangha

Palabras de amig@s que sólo están lejos físicamente.

Te basta con ser un caminante…

Ipar ALicia

“EN ESPÍRITU Y EN VERDAD.” JUAN 4,24

Este símbolo de la imagen es un regalo, un regalo de la Comunidad Zen, la sangha Iparhaizea (Viento del norte) de Bilbao. Eligieron ese caminante, ese peregrino para expresar lo que son, lo que somos.

“Te basta con ser un caminante, un peregrino, un aventurero de la Resurrección” J.F.Moratiel O.P.

Con eso basta, con la fuerza del corazón para seguir siempre adelante, en la práctica del zazen, en la práctica cotidiana de aprender lo qué es el amor, de descubrir que lo somos.

¿Qué es una sangha? Es una comunidad de personas que

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Sesshin del Abrazo Fraterno

¡Saludos fraternos a todas/os!

Es la primera vez que escribo por aquí y ya es hora de dar las gracias en un espacio abierto por todo lo recibido.

Lo difícil es comenzar a agradecer desde la oscuridad y confiar… Durante esa oscuridad, descubrí la página web de “Vivir Agradecidos”.

Os la recomiendo. Podéis introducir vuestro email y recibiréis a diario la frase de reflexión del día, como la de Seguir leyendo Sesshin del Abrazo Fraterno

Retiro Zen

Y ahí estaba yo, con mi cojín de meditación, mi pijama y un puñado de prejuicios metidos en un bolsillito de la maleta; dispuesta a pasar un fin de semana Zen y a zambullirme en las profundidades del silencio.

Nunca había practicado Za-zen. De hecho, no tenía ni pajolera idea de lo que era. Sí que tengo hábito de meditar, practico Chi kung hace años, pero de la meditación zen sabía poco o nada. Pero me anime. Me animó un compañero de trabajo (gracias Marce) y de pronto me vi montada en un coche rumbo a Berriz a pasar el fin de semana.

Tengo que reconocer que al principio me sorprendieron muchas cosas. El respeto al entrar en la sala de meditación, el protocolario saludo al entrar y salir, el resonar de los las makilas de madera (disculpad mi ignorancia) antes de empezar cada sesión de Za-zen…

Me sorprendió escuchar: “¡kin hin!” y ver como todo el mundo se levantaba de su asiento y se ponía a andar lentamente por la sala.

Reconozco que al principio sentía ciertas resistencias y algún miedo; ciertos prejuicios a lo desconocido.

Y entonces Pedro, el maestro, dijo algo. No recuerdo con exactitud su frase pero se mantiene nítida en mí la sensación que tuve; fue como un dardo de amor al corazón. La onda de sus palabras atravesó toda la coraza de miedos y prejuicios y una pequeña lágrima rodó por mi mejilla. Y pensé: vale, Naiara, aparca todo, y Seguir leyendo Retiro Zen